Entradas desordenadas:

Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio.

jueves, 17 de marzo de 2016

Los cínicos

28.12.2011

La filosofía en Atenas y en Roma no era lo que conocemos ahora. El propósito de los filósofos apuntaba a promover la transformación espiritual de sus seguidores. Releyendo el libro de Michel Onfray "Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros" de Paidós, 2002, uno se pregunta como pudo cortarse en el plano académico, aunque nunca de forma definitiva, ese buen uso de la razón para reflexionar sobre la vida y sus trampas.

También, y no hay porque negarlo ese enfoque llevó, en la antigüedad, a toda clase de excesos a los que se entregaron diferentes adeptos; pero más allá de esas exageraciones los cínicos cobran otro sentido, más positivo, si los pensamos como una forma de experimentación social que quizá necesitaríamos rescatar en nuestra época; un poco "atrancada" entre un capitalismo omnipresente y el fracaso de las experiencias socialistas y anarquistas del siglo pasado. 

En este sentido la relectura de los filósofos llamados Cínicos, podría ser un buen estimulante. Antes que nada hay que aclarar, para los no especialistas, que la palabra "cínico" no tiene nada que ver con lo que se entiende actualmente: desvergüenza, amoralidad, egoísmo mezclado con sadismo... y cosas parecidas. 

Los filósofos Cínicos recibieron ese nombre de su admiración por los perros en particular y por diversos animales en general. Buscaban la sencillez en las costumbres y la liquidación del yugo de las apariencias, las convenciones sociales y la moralidad que reduce al individuo a uno más entre la muchedumbre sumisa de las ciudades

En cierta forma se merecieron la crítica furibunda de filósofos de su época que se burlaban de sus costumbres y conductas... pero Michel Onfray sabe destacar lo que había detrás del gesto escandaloso y de la aparente indiferencia hacia las convenciones que obliga la convivencia permanente. Esas ideas que subyacen y que se han transmitido a través de los siglos merecen nuestra atención.

[conversación posterior]

José Biedma López 
Platón consideraba a Diógenes de Sínope un "Sócrates enloquecido". No hizo más que llevar hasta el absurdo el valor socrático de la autarquía, del autodominio y la independencia. Los cínicos de la antigüedad no están tan lejos como podría pensarse de las comunidades mendicantes de la Edad Media. Hay cierta soberbia en su posición, al no reconocer la dependencia del otro, y de los otros que constituyen la tradición.
28 de diciembre de 2011 a las 19:26


Carolus Brigantinus Barbatus 
A veces la verdad sólo está en boca de los “locos”. Diógenes solía salir por la puerta de entrada y se perfumaba los pies en vez de la cabeza (opinaba que así los efluvios le subían hasta la nariz en vez de perderse hacia arriba). Se alimentaban y realizaban sus necesidades en la vía pública, lo cual enfurecía y divertía a sus contemporáneos; pero también consideraban que se había que enseñar con "gestos" y no con discursos, lo cual implicaba que sus ideas debían concretarse en hechos y no quedar en la intimidad de sus discípulos. Diógenes se inspiraba en las virtudes perrunas, y así debía ladrar a los que eran vagos consigo mismos. Opinaba que los filósofos que no eran capaces de inquietar, como Platón, no servían para nada. Nada de géneros preciosos para vestir, un manto era adecuado para el sol y el frío, el báculo que solían llevar era una burla al orden establecido, ya que en esa época sólo los poderosos lo llevaban (ver ibidem, pág. 52). Negaban las "esencias" platonianas y afirmaban la existencia, de tal manera que recomendaban el onanismo si no se tenía pareja (era mejor olvidar el deseo después de consumarlo así que arder por él). Se inspiraban en los animales y en sus migraciones para saltarse las condiciones que afectaban la vida pero ensalzaban a las ranas, que al no poder escapar del agua que se congelan, saben aguantar sin morirse. En suma consideraban que se debía a la vez ser práctico, en la huída, e invulnerable si tocaba quedarse. Onfray destaca el principio básico que subyacía en sus enseñanzas: el sabio debe dominarse a si mismo y para ello entrena su voluntad, su mente y su cuerpo; no se entrega a un inútil ascetismo. Debe evitarse el esfuerzo inútil o aquel cuya única razón es el exhibicionismo. "Los hombres son infelices a causa de su propia estupidez" (ibidem, 65). La sabiduría se alcanza luego de numerosos intentos, ensayos, prácticas, pruebas y adversidades. Al igual que los artesanos y los músicos se alcanza luego de años de perseverancia hasta lograr la excelencia en la propia vida. Se inspiran en los animales para reconocer las principales virtudes pero agregan que en los humanos algo similar no es espontáneo sino que necesita de un duro entrenamiento. Evidentemente el Cinismo surgió en un momento dado, y no creo que deba aplicarse como modelo; pero muchas ideas que creemos modernas ya estaban discutidas (y practicadas) en la filosofía antigua, hasta que el "cerrojazo" impuesto por los Padres de la Iglesia, redujo toda especulación al estudio de los textos canónicos y a la oración, como medios privilegiados para alcanzar la sabiduría humana.
28 de diciembre de 2011 a las 20:40


José Biedma López 
La locura no tiene nada de sabia, aunque es cierto que no hay genialidad sin un grano de locura, cum granum salis. Hay poca compasión en el cinismo antiguo, ningún compromiso con las convenciones de la polis. Siempre me han recordado a los jipis, en realidad eran los jipis de la antigüedad. Has leído a Luciano de Samosata, sus Diálogos de tendencia cínica son una delicia. No hay tanto corte entre el cinismo y el cristianismo primitivo. Ciertos géneros como la sátira o la diatriba saltaron del cinismo al cristianismo, el sermón u homilía puede tener algo de la diatriba cínica...
31 de diciembre de 2011 a las 20:14 


Carolus Brigantinus Barbatus 
Yo hago (o por lo menos lo intento) una lectura actual de los cínicos. Quiero decir que presto atención a lo que ahora nos puede servir, como ideas o actitudes. No pretendo defender la escuela frente a otras; cada cual es hijo de su tiempo, pero siempre se puede aprender de la experiencia ajena. En este caso pienso que un "cínico" actual provocaría escándalo de otra manera, quizá al contrario de sus predecesores. No alabaría las fiestas, sino que las ignoraría por ser una manera de adormecer a la gente. Buscaría el orden, en un mundo desordenado, pero un orden no impuesto sólo por la costumbre o el poder. Seguiría rescatando el poder del individuo, minimizado cada vez más por las grandes corporaciones y los Estados omnipresentes... en fin, escandalizar es bueno cuanto sirve para llamar la atención sobre lo que aparenta ser de piedra, y sólo es de "cartón piedra". Lo que aparenta ser justo y sólo es el hábito cotidiano de la injusticia. Los cínicos antiguos destacaron el valor de la libertad, pero no en abstracto sino burlándose de las costumbres ¿no sería hora de llamar la atención sobre las supuestas virtudes que sirven, en la práctica, para encadenar a los hombres y convertirlos en masa? Yo no respondo a estas preguntas... sólo me las hago, lo cual, pienso, es básicamente la misma actitud de los cínicos; y por lo tanto me parecen interesantes.
1 de enero de 2012 a las 10:40 


José Biedma López 
Desde luego que son interesantes los cínicos antiguos, y haces muy bien en llamar la atención sobre sus ejemplos, Carlos. A fin de cuentas, pesa en nosotros más la naturaleza que la convención y nuestra soberbia tecnológica no es más que vanidad de vanidades... Sus actitudes, como la del niño, señalan la desnudez del emperador, ese mismo que debe dejar todos los días del año -o casi todos- su carroza para sentarse en un trono maloliente...

4 de enero de 2012 a las 21:51 · 


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