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Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio.

domingo, 20 de marzo de 2016

El valor científico de las rogativas piadosas

20.3.16

El archivo de datos meteorológicos es muy reciente; poco más de un siglo, y necesitamos muchos más para poder calcular las variaciones “normales” que sufre el clima terrestre. El Departamento de física, de la Universidad de Extremadura, ha dado con un fuente atípica y que sin embargo resulta muy fiable: las rogativas que, en caso de pertinaz sequía, los fieles elevaban al cielo para que, por intercesión divina, éste se aviniese a mojar la tierra como era de costumbre.

Revisando mi archivo de revistas de Investigación y Ciencia me encuentro con un interesante artículo firmado por Fernando Domínguez Castro, del citado Departamento universitario. (IyC., enero 2012, “Reconstrucción de sequías”, pp. 16 y 17). 

Los datos están muy bien conservados porque ya desde muy antiguo se seguía un procedimiento muy protocolizado, burocrático, a pesar de su carácter religioso-místico. 

Cuando los agricultores se cansaban de tener una metereología desfavorable avisaban de la cuestión a las autoridades. Éstas, una vez confirmada la desdicha colectiva, iniciaban el proceso encargando las pertinentes rogativas a la Iglesia. 
Las autoridades religiosas convocaban al sacerdocio, en caso de que procediese la rogativa, para que se las escribiera y darles adecuada publicidad; acompañadas, o no -dependiendo de la gravedad del momento- de solemnes procesiones y otros actos destinados a hacer visible la preocupación de la feligresía. 
Todo el procedimiento, muy rápido para las costumbres de la época -dos o tres días a lo sumo-, quedaba debidamente registrado y estos archivos sirven ahora para precisar las épocas de sequía y su duración. 

Las rogativas pro-pluvia son, ahora, una fuente de documentación adecuada para evaluar los cambios climáticos en aquellos tiempos. Dependiendo de la gravedad de la crisis el procedimiento incluía desde simples rogativas (si llovía a continuación, obviamente no se iba más allá) hasta misas, procesiones intra o extra muros, exposición de reliquias guardadas en las iglesias y peregrinaciones a santuarios reputados por su poder de intercesión. 

Con estos registros la cátedra de física ha generado un importante gráfico que se basa en más de 450 volúmenes de actas y libros capitulares de la catedral de Toledo. El gráfico abarca el largo período que va desde 1500 hasta 1900, y cubre toda clase de fenómenos metereológicos. 

El proyecto sigue en marcha para poder reconstruír la gravedad y distribución de las sequías, a escala peninsular, durante los últimos cuatro siglos. 


Está demás agregar la intensa felicidad que este pequeño artículo me ha provocado, al constatar que “hasta el pelo más delgado hace su sombra en el suelo” (José Hernandez, "Martín Fierro") y que más allá de los éxitos religiosos en la manipulación del clima peninsular se encuentra la sublime constatación que nada de lo que se guarda en nuestros archivos es inútil. ¡Bendito sean los archivos y los hombres de fe que siguen hurgando en ellos, buscando entender mejor nuestro pasado para mayor gloria del presente!

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