Entradas desordenadas:

Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio.

sábado, 19 de marzo de 2016

Emoción, religión y ciencia

13.11.2011

¿El valor cognitivo de las emociones? Me temo que la cosa es demasiado ambigua. Y Sartre se equivocó bastante en algunas de sus ideas, aunque hayan sido guiadas por sus emociones más auténticas. 

Una religión "dentro de los límites de la mera razón", o quizá de la "pura razón", es algo que me parece en si mismo contradictorio. Nuestra razón puede indicarnos que hay un misterio, pero no resolverlo. Que justamente es mi posición sobre la cuestión.

La creación del universo es algo muy complicado de entender, y los mitos pueden dar una salida a nuestra necesidad de saber, pero sólo una salida de "andar por casa". Por otro lado, la existencia de un ser supremo que es a la vez legislador (en particular de la conducta humana) resulta a ojos contemporáneos un concepto difícil de tragar, si no fuera que emociones tempranas, infantiles, han hecho ya la parte más difícil del camino.

Para los que, como yo, hemos tenido la suerte (o la desgracia, según se mire) de no recibir educación confesional en edades tempranas, resulta absurdo pensar en una causa primera que, además, legisla como una cámara de diputados y corte suprema unificados. Sin mencionar el hecho, aún más inverosímil, de que tal entidad tiene línea directa con determinados profetas para darles información privilegiada.


Esta última hipótesis es equivalente, en lenguaje de nuestros abuelos, a "comulgar con ruedas de molino". No obstante lo anterior, de sentido común por otro lado, no quita el valor cultural ni devalúa el papel de lo religioso en la historia del hombre. Al contrario, al separar radicalmente lo que nos sugieren nuestras emociones del discurso científico permite a “lo religioso” liberarse de las exigencias de lo concreto y relacionarse mejor con la parte artística del ser humano.

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