Entradas desordenadas:

Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Una sopa líquida con tropezones de "lo otro"

22-septiembre-2016

Zygmunt Bauman muestra como un sociólogo puede ayudar-nos. Es decir como puede ofrecer herramientas conceptuales para comprender lo que nos pasa. No son muchos los "científicos" sociales que hagan esto; pero existen, y tengo la sensación que Z.B. es uno de ellos. Esta clase de personajes que desde el siglo XIX nos dan que pensar y nos ayudan a reflexionar.
Su idea de la "sociedad líquida" es un hallazgo heurístico; ha creado un concepto valioso para profundizar en nuestro mundo. Quizá por ello insisto, últimamente, en él. Tengo la sensación de que nuestra merece nuestra atención.
Atención que, como propia de una sociedad líquida, es fluctuante, inestable, poco confiable y busca una rentabilidad inmediata para persistir... atendiendo.
Z.B. ha estudiado, también, el miedo contemporáneo; una emoción extendida y que tiene un carácter diferente al miedo de otras épocas. Nuestro miedo es un miedo paradójico, no puro y sencillo como podría ser el "miedo" en la Edad Media. Surge a pesar de estar acostumbrados a la fluctuación y a la transitoriedad. Se supone que por ello no deberíamos tener miedo a lo que es común, pero, contra todo pronóstico, el cambio es causa de inquietud; lo cual podría decirse que es tan incomprensible como que a un italiano le disguste los espaguetis.
Quizá biológicamente no estamos diseñados para acorazarnos contra los cambios; nuestra naturaleza aún sigue siendo refractaria al mundo moderno. Seguimos mirando con reserva lo que se mueve "demasiado", y con igual reserva al que no pertenece a nuestra tribu.
Y, además, tenemos otro problema superpuesto... que hay dos clases, o tipos, de inmigrantes: el azucarillo, aquel que es capaz de disolverse en nuestra sociedad y apenas puede ser localizado por un color de piel ligeramente distinto, o por la forma de sus ojos, o por una entonación diferente de nuestro idioma. Y el otro tipo representado por una porción pequeña de cemento, o mejor aún, unl trocito de cristal roto. Esta clase no se disuelve por más vuelta que de en nuestro mundo; se mantiene igual a si mismo y si alguien lo traga, y tiene suerte de no dañarle el intestino, lo evacua tal cual entró.
Pues bien, siguiendo con nuestra imagen metafórica podríamos explicar o ejemplificar mejor el primer tipo asimilándolo a un inmigrante sudamericano, y personificando el segundo con un inmigrante musulmán. El segundo puede ser indistinguible por sus rasgos faciales, pero a la postre resulta irreductible a nuestro entorno líquido; y lo que es peor, sus hijos y sus nietos siguen con la misma característica; lo cual le da al segundo tipo una solidez perenne, que lo asemeja a una partícula radioactiva manteniendo sus efectos en el cuerpo que la alberga. Algo cuya mera enunciación seguro que nos produce bastante inquietud.
Obviamente nuestro problema, me refiero al problema social, al problema con que se enfrenta la líquida sociedad europea contemporánea, es de órdago. No quiere discriminar, no es propio de una sociedad como la nuestra separar personas en categorías irreductibles (eso lo hacían los nazis, no nosotros), pero resulta que el otro no es sólo "el otro" sino también "lo otro", lo que está formado para subsistir como tal en un ambiente hostil y ajeno.
Y no sólo para subsistir sino que además tiene la virtud de procrear y extenderse a una velocidad mucho mayor que nuestra habitual tasa de fecundidad.
¿Verdad que estamos con un problema muy serio? Y ello no radica tanto en lo que nos cae de fuera sino en lo que queremos ser, y seguir siendo, aunque sea un modo de ser muy defectuoso. El problema está en que tenemos miedos, inquietudes, viejos fantasmas que siguen muy vivos... y a la vez no queremos ni verlos ni enunciarlos ni sacarlos a la luz ni someterlos a ninguna clase de escrutinio racional. Preferimos negarlos y proclamar "todos somos buenos" "todos nos queremos" y "cumpleaños feliz" por los siglos de los siglos.
Visto desde fuera, nuestra sociedad se ha senilizado; aunque tecnológicamente parece muy potente.