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Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio.

martes, 14 de febrero de 2017

El tren de Lenin

Publicado 14-2-2017

Febrero es un mes frío, aún estamos en pleno invierno, y este febrero además tiene la característica de cumplir cien años del inicio de un acontecimiento de repercusión mundial: la caída del Zar y su régimen absolutista en Rusia. Una Rusia gigantesca que incluía Polonia y que era uno de los pocos grandes imperios europeos-asiáticos. 

Recomiendo ver la película de Damiano Damiani, de notable fidelidad histórica, que narra los acontecimientos iniciales del proceso postzarista que llevó de la democracia incipiente al triunfo del bolchevismo soviético. Saber lo que ha pasado nunca es inútil, pero, se me ocurre, en estos tiempos empieza a ser urgente porque el gran avance tecnológico va de la mano con una creciente infantilización del pensamiento político europeo. Una paradoja que nadie previó pero que nos amenaza seriamente: al no saber ni entender lo que ha sucedido, nos estamos creyendo que hay de verdad nuevas soluciones salidas de la manga de algún mago político. 

Para los españolitos de hoy, analfabetos en historia contemporánea, es urgente recuperar el tiempo perdido por el franquismo y la transición para entender mejor lo que se cuece en nuestra época. 

Obviamente este llamamiento caerá en el vacío pero uno no deja de creer, hasta el final, que persiste la vida inteligente en la península, y que si bien cayó la Segunda República en el 39 no necesariamente desaparecieron todos los pensadores políticos con ella. 

En fin, no abundaré en reflexiones pesimistas pero, para terminar, sólo quiero destacar que hay dos hechos esenciales en la historia del siglo XX que, además, se dieron casi en paralelo, separados por muy pocos años: el comunismo y el fascismo.

Estas dos revoluciones fueron el modelo y el prototipo de todos los cambios radicales posteriores. Incluso la revolución liberal que triunfó en la segunda década del siglo es tributaria, en un sentido retorcido, de las dos grandes convulsiones anteriores. 

Esta tríada: comunismo, fascismo y liberalismo está presente aún, aunque por razones obvias las dos primeras tendencias ya no se autodenominan así, por ser políticamente incorrectas. Conocer como se gestaron, como se desarrollaron y lo que pensaban sus líderes es crucial, ahora, para entender las salidas que nos proponen las "nuevas" políticas. 

Sin ese conocimiento fundamental estamos condenados a la ingenuidad suicida. 

Y para aquellos pocos que quieran profundizar un poco más en los hechos que cuenta la película citada, entonces un libro de reciente aparición: El tren de Lenin, de Catherine Merridale, editorial Crítica, 2017. Catherine es una excelente historiadora británica (de ella leí otro muy buen libro: La guerra de los Ivanes, hace unos pocos años atrás) y cuenta los entresijos que hicieron posible que Lenin viajara desde Suiza a Petrogrado -actual Sant Petersburg, y anterior Leningrado- para encabezar la revolución, o golpe de estado, que llevó a los bolcheviques al poder por muchas décadas. 



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