Entradas desordenadas:

Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio.

lunes, 9 de mayo de 2016

9-mayo-2016

No creo en conspiraciones; por supuesto que las hay, como las hubo y las habrá... pero me refiero a esa clase de conspiraciones universales que explican todo el mal como el resultado consciente y deliberado de un grupo pequeño de personas poderosas. La gente ignorante (ignorante en cuestiones sociales, no en cualquier otra cosa) cree a pie juntillas en estas "conspiraciones"; en España es muy común, pero, supongo, que también se da en otros países. La sencillez de la explicación apoya su difusión, además quita toda responsabilidad al ciudadano "de a pié", cosa que siempre se agradece porque si además de puteados somos responsables de ello, la carga es mayor. 

No obstante existen "acuerdos" y "planes en común" que si bien no determinan la historia humana (porque ella en sí misma es indeterminable por la complejidad de sus causas y la interacción constante de sus efectos) existen para imprimirle cierta dirección. Esto es otra cosa, aunque a veces, superficialmente, se confunda con las "conspiraciones" aludidas. 

Si, por ejemplo, me contaran que hace unos cuantos años un pequeño grupo de gente importante en el mundo de las ideas se reunió en Suiza, patrocinados por millonarios, para crear un grupo de presión a favor de ellas, y que esa acción ha tenido un gran éxito, me resultaría, a pesar de todo difícil de creer. Y si me agregaran que de esas reuniones iniciales se pasó a tener, repartidas por todo el mundo, unas 500 sociedades (entre fundaciones, centros de asesoría y análisis y departamentos de universidades prestigiosas) con gran éxito en la difusión de estas ideas, me resultaría algo muy difícil de creer, por lo improbable. 

Y si, para colmo, me agregaran que la campaña de difusión de estas ideas se basó en la discreción suma y en la imperiosa necesidad de "no establecer ninguna ortodoxia" ni aliniarse "con ningún partido", según estableció la cabeza fundadora de esta asociación tan desconocida... terminaría por creer que estoy frente a otro bulo típico de las "conspiraciones" mundiales de las que siempre me río. Si, incluso, para más recochineo, me transcriben las palabras del primer presidente de esta asociación dónde se dice que hay que convertir a tales ideas en apetitosas, muy atractivas, a los formadores de opinión y "vendedores de ideas de segunda mano", tales como "intelectuales, periodistas, locutores, maestros de escuela, escritores, agitadores, líderes políticos"... entonces, me quedan muy pocas dudas de que todo es un cuento chino. 

Sin embargo hay un libro, justamente el que ahora estoy leyendo, que menciona estos datos ¡tan difíciles de creer! con nombres y apellidos (algunos muy famosos, incluso para los ciudadanos comunes), el lugar donde se reunieron, el nombre de la asociación que formaron y los lugares en los cuales, a partir de las decisiones iniciales, se establecieron. 

El libro en cuestión se llama "Neoliberalismo. Historia mínima" y está escrito por Fernando Escalante Gonzalbo, y publicado por El Colegio de México y Turner, en marzo de 2016. Y, naturalmente, se encuentra en cualquier librería importante de España. 

El autor no es un personaje esotérico sino un simple sociólogo y profesor del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México y ha escrito varios libros sobre diversas cuestiones. En la breve introducción explica que originariamente el libro iba a llamarse "El opio de los intelectuales", en referencia a otro de Raymond Aron, pero que diversos cambios azarosos llevaron al título con que aparece publicado. Hay también un montón de agradecimientos de rigor, que omito en esta breve reseña. 

Me pregunto si la difusión de algunas ideas que, reconozco, me son bastante afines, como la "desconfianza hacia el sector público" perderían, para mi valor, al saber que forman parte de un paquete de ideas y prejuicios (en tanto se pretende que no sean objeto de crítica rigurosa) que están siendo promovidas sistemáticamente. Mi conclusión inicial es que no por ello las tiraría a la basura, de la misma forma que un cristiano no pierde su fe aunque descubra que Roma es ciudad non sancta, pero hay otras que podrían ser objeto de una segunda, y una tercera revisión, antes de aceptarlas ingenuamente... habida cuenta que existen intereses bien organizados en incrustarlas en la mente de la gente que piensa sobre estas cosas. 

En realidad no existe conspiración, incluso aceptando que los hechos que se cuentan son así, sin duda; todo el mundo sostiene sus ideas y lucha por su difusión, y luego la realidad es la prueba de fuego que hace que las mejores ilusiones se vengan abajo: una hermosa idea violada por una banda de hechos gamberros. Así que, sin exagerar, es bueno conocer y detectar cuando se nos habla desde la buena fe o cuando se nos intenta presionar desde los centros de poder. 

A veces las conclusiones pueden ser las mismas, pero casi siempre, a largo plazo, uno termina separándose de los "grandes intereses", que ¡justamente! son "grandes" porque pertenecen a pequeños y poderosos grupos y sólo buscan su propia supervivencia, no la de la especie.

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