Entradas desordenadas:

Facebook no facilita la posibilidad de rescatar entradas antiguas con comodidad, así que el desorden cronológico con que se suceden en este blog se debe a ello. Sólo con tiempo y paciencia se puede ir cada vez más atrás localizando reflexiones y pensamientos dignos de ser recuperados; la búsqueda resulta muy cansadora. Este blog hace una selección de la participación de Brigantinus desde su inicio... e introduce otras posibilidades no previstas en su origen... como "lo que no escribí en facebook" ... que, según creo, es la que encuentro más atractiva.
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lunes, 21 de marzo de 2016

El "Yo" como entidad psiquica

12-13.11.2011

Entiendo que el "Yo" existe como un fenómeno mental más, y su existencia se puede observar tanto por introspección como indirectamente en la conducta de los otros. Los "fenómenos mentales" existen, mientras su portador físico tenga vida; de la misma forma que puedo decir que la luz que en este momento me ilumina (artificial) existe... mientras tenga electricidad. 

Obviamente lo podemos complicar más y poner en tela de existencia no sólo los fenómenos mentales sino también las cosas materiales, en tanto un análisis microscópico muestra el vacío donde antes se aparecía una materia sólida e impenetrable. En este sentido, supongo que si se pudiera aplicar un microscopio electrónico a los fenómenos mentales, también se observaría que están vacíos, o que son el resultado temporal (como una chispa) de operaciones químicas en los circuitos neuronales. Pero al igual que el conocimiento de las propiedades atómicas de lo sólido no nos impide usar las cosas, el conocimiento de los soportes físicos de los fenómenos mentales tampoco nos impide sentir angustia, felicidad, o darle seguridad a nuestro yo con eficaces autoengaños. Aquello que Galbraith llama "el fraude inocente".

[…]


El Yo no es un autoengaño, en tanto fenómeno observable (indirectamente). Tiendo a pensar que el Yo es el causante de los autoengaños más comunes, para preservar su robustez. 

Para el budismo... bueno, habría que analizarlo a fondo, y yo no soy el indicado (ya que no me considero "budista" sino sólo un admirador -de entre las religiones me parece la más razonable- aunque lejano porque no soy religioso en absoluto; y pienso que son opciones a extinguir... a la manera de Goethe cuando decía que los que cultivan las ciencias y las artes tienen religión). 

Pero en mi modesta opinión el budismo no considera el Yo un fenómeno ilusorio, aunque sí vacío. Lo interesante del budismo es que siendo 500 años más antiguo que el cristianismo, tiene ciertas intuiciones que casan muy bien con la mentalidad del siglo XXI. Por lo menos en Física. Pero insisto que no debe darse a mis palabras ninguna importancia más allá de ser, en el mejor de los casos, un estímulo para profundizar personalmente. 

El otro día repasaba un pequeño librito que recomiendo fervorosamente; se trata de "La economía del fraude inocente" de John Kenneth Galbraith, Crítica, y comprobaba como el fenómeno de autoengaño puede ser también un hecho colectivo, y además muy importante en la sociedad del presente. El que lo lea, o relea, que tenga presente esta cuestión; comprobará el daño que puede causar algo tan común como el autoengaño, personal o colectivo.

domingo, 20 de marzo de 2016

Mitos o leyendas

31.10.2011

Los mitos se diferencian de las leyendas en que éstas tratan de personajes o situaciones reales, que efectivamente sucedieron, aunque no en la forma que la leyenda describe (http://es.wikipedia.org/wiki/Mito#Diferencia_entre_el_mito_y_otro_tipo_de_narraciones). 

Pues bien ¿Se plantea un creyente si los relatos fundacionales de su creencia son leyendas o historia? Aquí tenemos una cuestión interesante para analizar. 

El mito (como nombre general que incluye también a las leyendas y las fábulas) es diferentemente tratado, según las "reglas de juego" que apliquemos. 

En el campo científico, el mito es rechazado porque no se lo considera real, y si se lo estudia lo será en tanto "fenómeno social", una clase de creencias que influyen en la gente. 

En el campo político, no importa que el mito no sea real, mientras produzca efectos en el presente su aceptación está asegurada por los militantes. 

Y en el religioso, el mito, en forma de leyenda, debe ser creído como real, hechos increíbles que efectivamente sucedieron; cualquier duda o crítica es rechazada bajo severa pena de anatema. 

La misma persona tiene un enfoque distinto según se considere en un campo o en otro.

Un científico puede usar su mente racional y su aparato lógico para rechazar una hipótesis que no se sostiene con las evidencias a su alcance; simultáneamente puede creer que es posible una sociedad comunista, fascista, anarquista o capitalista perfecta (aquella dónde la libre competencia rige el mercado sin monopolios o intervenciones que la desnaturalicen); también, paralelamente considerar que el universo fue creado en seis días y que en el séptimo el Señor descansó. Y además ¡sin sentirse que cae en contradicción alguna! 

¿No es extraordinario como funcionamos?

sábado, 19 de marzo de 2016

El papel del individuo en la Historia

7.11.2011

En mi modesta opinión, y luego de largo proceso de reflexión -gran parte del cual lo empleé en luchar contra la confusión que me provocó la propaganda política de izquierda- he he terminado por concluir que los bolcheviques en realidad lo que hicieron fue dar un golpe de estado disimulado con el teatral nombre de "Revolución". La verdadera Revolución Rusa sucedió unos pocos meses antes, en febrero de ese año, y fue la que tuvo como premio la abdicación del Zar Nicolas II

Éstos, el Partido Socialdemócrata Ruso (bolchevique), no contaban con la mayoría del pueblo, ni siquiera con una parte importante y para más escarnio, a continuación de su particular golpe, se dieron el lujo de disolver La Asamblea Constituyente, en diciembre de 1917, la asamblea más democrática hasta el momento que existía en Rusia y que contaba con delegados provenientes de todo el imperio abarcando el espectro político existente en ese momento. Asamblea en la que los bolcheviques tenían una exigua representación. 

Aprovecharon el momento justo, en el lugar justo. Esto es uno de los casos dónde el papel del individuo en la historia fue clave. Sin Lenin no habría existido “Revolución Rusa”  ya que la mayoría del Comité Central del Partido Bolchevique no estaba de acuerdo con lanzar ese órdago (incluyendo a Trotski y Stalin). Pero Lenin presionó y logró una exigua mayoría, suficiente para impulsar el mencionado ataque al poder central. 

Curiosamente ese papel, el del “individuo”, había sido negado en la historiografía marxista, considerando que los líderes encauzan pero no crean los grandes hechos históricos (véase el libro canónico de Plejánov “El papel del individuo en la Historia”). 


Pues bien, resumiendo, sin Lenin, otro habría sido el cantar... y quizá millones de rusos se habrían salvado de la masacre general de los años 30, incluyendo, por supuesto, a los mismos bolcheviques, aniquilados sus cuadros en los juicios estalinistas de mediados de esa década.

Emoción, religión y ciencia

13.11.2011

¿El valor cognitivo de las emociones? Me temo que la cosa es demasiado ambigua. Y Sartre se equivocó bastante en algunas de sus ideas, aunque hayan sido guiadas por sus emociones más auténticas. 

Una religión "dentro de los límites de la mera razón", o quizá de la "pura razón", es algo que me parece en si mismo contradictorio. Nuestra razón puede indicarnos que hay un misterio, pero no resolverlo. Que justamente es mi posición sobre la cuestión.

La creación del universo es algo muy complicado de entender, y los mitos pueden dar una salida a nuestra necesidad de saber, pero sólo una salida de "andar por casa". Por otro lado, la existencia de un ser supremo que es a la vez legislador (en particular de la conducta humana) resulta a ojos contemporáneos un concepto difícil de tragar, si no fuera que emociones tempranas, infantiles, han hecho ya la parte más difícil del camino.

Para los que, como yo, hemos tenido la suerte (o la desgracia, según se mire) de no recibir educación confesional en edades tempranas, resulta absurdo pensar en una causa primera que, además, legisla como una cámara de diputados y corte suprema unificados. Sin mencionar el hecho, aún más inverosímil, de que tal entidad tiene línea directa con determinados profetas para darles información privilegiada.


Esta última hipótesis es equivalente, en lenguaje de nuestros abuelos, a "comulgar con ruedas de molino". No obstante lo anterior, de sentido común por otro lado, no quita el valor cultural ni devalúa el papel de lo religioso en la historia del hombre. Al contrario, al separar radicalmente lo que nos sugieren nuestras emociones del discurso científico permite a “lo religioso” liberarse de las exigencias de lo concreto y relacionarse mejor con la parte artística del ser humano.

viernes, 18 de marzo de 2016

Combinar deber y placer en el aprendizaje de idiomas

23.11.2011

Creo, basado en mi experiencia, que es mejor abordar el aprendizaje de dos idiomas simultáneamente... que uno sólo. 
Sí, aunque mi propuesta parezca contraria al sentido común. Pero deberíamos probarla, antes de rechazarla. Puede funcionar muy bien sobre todo si el primer idioma elegido es el inglés (seleccionado por razones de utilidad); luego, el segundo, debería ser seleccionado por criterios puramente hedonistas. Quiero decir que uno elige no porque sea útil, sino solo para divertirse. Algo así como estudiar simultáneamente, inglés y swahili, o inglés e italiano, o inglés y japonés, o la combinación que más nos estimule. 
El segundo idioma, llevado de manera placentera, hará un buen equilibrio con el primero, facilitará comparaciones y ayudará a la ardua tarea de dominar una lengua no propia. 

A veces... el camino más corto es el aparentemente más largo.

Autoengaño... y sus funciones

27.11.2011

No he leído mucho sobre el "autoengaño"; no es un tema muy popular. 

En un libro ya antiguo de Eduardo Punset (El viaje al amor) éste comenta que "mentir conscientemente resulta agotador para el cerebro" (pág. 195) y arriesga la siguiente hipótesis: El autoengaño es mayor en aquellos que tienen facilidad para engañar a los demás. 

Es probable que sea así, aunque no se si existen pruebas empíricas de ello; en todo caso el autoengaño es omnipresente en nuestra vida cotidiana. La gente, nosotros, ve lo que quiere ver y siempre encuentra un motivo justificador para cualquier perrería que se hace al otro. 

Creo, o tiendo a pensar mejor dicho, que nos autoengañamos en lo trivial y también en lo importante, en nuestras motivaciones y en la valoración de propios y extraños. Y sin embargo se habla poco de ello. Y tampoco las revistas traen cuestionarios para saber "cuánto" nos autoengañamos, ni los suplementos dominicales de los diarios, que acostumbran a ilustrarnos sobre variedad de cuestiones de "autoayuda", dedican al tema algunas páginas. 


¿A que se debe -me pregunto- que una cuestión tan omnipresente e importante (ya que influye en nuestras decisiones y valoraciones), permanezca en la penumbra?

28.11.2011

Gandhi me impresionó mucho en su momento. Pero no era un buen ejemplo de estadista, a pesar de sus éxitos (baste considerar que aconsejaba a los europeos que se dejasen invadir por Hitler, sin oponer resistencia). 

Dices que la falta de autoestima puede ser un motivo para el autoengaño, y no lo dudo, pero la cuestión es que esa "falta" o debilidad, o simplemente peligro (a la propia autoestima) está en todos nosotros, aunque en algunos se note más. 
Hasta el hombre más templado puede dudar de sí, y por lo tanto el autoengaño sigue siendo necesario... cuando la realidad no es la que deseamos. 
El autoengaño no es algo casual, ni un deficit moral (solamente) es la manera que nuestra psiquis arregla la realidad para que no nos moleste. 

Realidad que puede ser alterada por nuestras acciones de manera crítica, hasta el punto de poner en cuestión nuestras motivaciones. Ahí entra el autoengaño poniendo un parche y eliminando una fisura amenazante para la básica seguridad del Yo.

Fraudes ¿inocentes?

22/12/2011

Estoy releyendo un libro que en su momento me gustó. Me refiero al de John Kenneth Galbraith, "La economía del fraude inocente", de Editorial Crítica, del 2004. Esta editorial se caracteriza por la excelente selección de sus títulos y en general todos sus libros son muy recomendables. Pero vamos a éste. El autor llama "fraude inocente" a lo que también podría recibir el nombre de "mentiras invisibles", o sea, aquellas que por haberse convertido en tópicos, lugares comunes, ya nadie se siente tentado a analizarlas. 
El "fraude inocente" surge de las creencias de quienes participan en el sistema; por lo tanto no originan ninguna sensación de culpabilidad, por el contrario, los que las proclaman se sienten apoyados por la razón y la evidencia de la experiencia. 
Un ejemplo de estos "fraudes" es la afirmación que del capitalismo puro y duro hemos pasado a un "sistema de mercado" cuyo poder reside en los consumidores compuestos por la inmensa mayoría de la población. Es el "mercado" el que manda; impersonal y eficiente, no se deja engañar por las maniobras de los políticos y los burócratas. 
El "mercado" dispensa así, neutralmente, sus beneficios y castiga a los que intentan burlarlo con dobles contabilidades o con presupuestos que incrementan la cuantiosa deuda de los países.

Pero esto anterior... es sólo un "fraude inocente" que proclaman los catedráticos de economía, viviendo en su burbuja de cristal académica. Detrás de este nombre "de mercado" se esconde el poder de los directivos de las grandes corporaciones que ni siquiera son los propietarios del capital -es decir sus principales accionistas- sino los integrantes de los equipos que las gobiernan y manipulan en todos los planos, empezando por los propios accionistas y terminando por esa gran masa de consumidores que está sometida al bombardeo planificado e inteligente de la publicidad y la creación de nuevos productos totalmente innecesarios.

Galbraith, famoso economista, integrante de organismos de alto nivel en su país e internacionales, conoce bien los entresijos del mundo académico. También los del gran mundo económico y político, y por lo tanto su denuncia, contundente y sintética, no es el resultado de una calentura adolescente ni de un bolchevismo anacrónico. Su opinión merece, por lo menos, analizarse a fondo. J.K.G. estima que medir el progreso social por el Producto Bruto Interno (PIB) es también un fraude. Los grandes logros culturales y científicos de la humanidad se han logrado en sociedades con un PIB muy bajo, a los criterios actuales, y además igualar con la palabra "trabajo" el esfuerzo gris, peligroso y repetitivo de muchos, con aquel que es fuente de gratificación personal, y de prestigio social... no sólo es una paradoja sino también origen de otros "fraudes inocentes". Se pregunta como puede ser que la remuneración mas generoso en nuestra sociedad se corresponda con los trabajos más gratificantes y que, para colmo, se acepte como una virtud el ocio de los más ricos, mientras el trabajo, el otro, el gris o peligroso es visto como muy encomiable para los más pobres.


Opino, sin ánimo de "sentar cátedra" que la mayoría de la población; la que recibe los magros beneficios en las épocas de bonanza y sobre la que recae todas las medidas extraordinarias, en épocas de contracción, debería tomar en cuenta esto que sugiere el profesor Galbraith, y no aceptar pasivamente el enfoque "oficial" sobre cómo debe salirse de la crisis. Entender que el "esfuerzo de todos" es una excelente afirmación... pero que puede esconder un "fraude inocente" (lo de "inocente" es un decir) que encubre la política más dura y clasista: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

jueves, 17 de marzo de 2016

Los cínicos

28.12.2011

La filosofía en Atenas y en Roma no era lo que conocemos ahora. El propósito de los filósofos apuntaba a promover la transformación espiritual de sus seguidores. Releyendo el libro de Michel Onfray "Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros" de Paidós, 2002, uno se pregunta como pudo cortarse en el plano académico, aunque nunca de forma definitiva, ese buen uso de la razón para reflexionar sobre la vida y sus trampas.

También, y no hay porque negarlo ese enfoque llevó, en la antigüedad, a toda clase de excesos a los que se entregaron diferentes adeptos; pero más allá de esas exageraciones los cínicos cobran otro sentido, más positivo, si los pensamos como una forma de experimentación social que quizá necesitaríamos rescatar en nuestra época; un poco "atrancada" entre un capitalismo omnipresente y el fracaso de las experiencias socialistas y anarquistas del siglo pasado. 

En este sentido la relectura de los filósofos llamados Cínicos, podría ser un buen estimulante. Antes que nada hay que aclarar, para los no especialistas, que la palabra "cínico" no tiene nada que ver con lo que se entiende actualmente: desvergüenza, amoralidad, egoísmo mezclado con sadismo... y cosas parecidas. 

Los filósofos Cínicos recibieron ese nombre de su admiración por los perros en particular y por diversos animales en general. Buscaban la sencillez en las costumbres y la liquidación del yugo de las apariencias, las convenciones sociales y la moralidad que reduce al individuo a uno más entre la muchedumbre sumisa de las ciudades

En cierta forma se merecieron la crítica furibunda de filósofos de su época que se burlaban de sus costumbres y conductas... pero Michel Onfray sabe destacar lo que había detrás del gesto escandaloso y de la aparente indiferencia hacia las convenciones que obliga la convivencia permanente. Esas ideas que subyacen y que se han transmitido a través de los siglos merecen nuestra atención.

[conversación posterior]

José Biedma López 
Platón consideraba a Diógenes de Sínope un "Sócrates enloquecido". No hizo más que llevar hasta el absurdo el valor socrático de la autarquía, del autodominio y la independencia. Los cínicos de la antigüedad no están tan lejos como podría pensarse de las comunidades mendicantes de la Edad Media. Hay cierta soberbia en su posición, al no reconocer la dependencia del otro, y de los otros que constituyen la tradición.
28 de diciembre de 2011 a las 19:26


Carolus Brigantinus Barbatus 
A veces la verdad sólo está en boca de los “locos”. Diógenes solía salir por la puerta de entrada y se perfumaba los pies en vez de la cabeza (opinaba que así los efluvios le subían hasta la nariz en vez de perderse hacia arriba). Se alimentaban y realizaban sus necesidades en la vía pública, lo cual enfurecía y divertía a sus contemporáneos; pero también consideraban que se había que enseñar con "gestos" y no con discursos, lo cual implicaba que sus ideas debían concretarse en hechos y no quedar en la intimidad de sus discípulos. Diógenes se inspiraba en las virtudes perrunas, y así debía ladrar a los que eran vagos consigo mismos. Opinaba que los filósofos que no eran capaces de inquietar, como Platón, no servían para nada. Nada de géneros preciosos para vestir, un manto era adecuado para el sol y el frío, el báculo que solían llevar era una burla al orden establecido, ya que en esa época sólo los poderosos lo llevaban (ver ibidem, pág. 52). Negaban las "esencias" platonianas y afirmaban la existencia, de tal manera que recomendaban el onanismo si no se tenía pareja (era mejor olvidar el deseo después de consumarlo así que arder por él). Se inspiraban en los animales y en sus migraciones para saltarse las condiciones que afectaban la vida pero ensalzaban a las ranas, que al no poder escapar del agua que se congelan, saben aguantar sin morirse. En suma consideraban que se debía a la vez ser práctico, en la huída, e invulnerable si tocaba quedarse. Onfray destaca el principio básico que subyacía en sus enseñanzas: el sabio debe dominarse a si mismo y para ello entrena su voluntad, su mente y su cuerpo; no se entrega a un inútil ascetismo. Debe evitarse el esfuerzo inútil o aquel cuya única razón es el exhibicionismo. "Los hombres son infelices a causa de su propia estupidez" (ibidem, 65). La sabiduría se alcanza luego de numerosos intentos, ensayos, prácticas, pruebas y adversidades. Al igual que los artesanos y los músicos se alcanza luego de años de perseverancia hasta lograr la excelencia en la propia vida. Se inspiran en los animales para reconocer las principales virtudes pero agregan que en los humanos algo similar no es espontáneo sino que necesita de un duro entrenamiento. Evidentemente el Cinismo surgió en un momento dado, y no creo que deba aplicarse como modelo; pero muchas ideas que creemos modernas ya estaban discutidas (y practicadas) en la filosofía antigua, hasta que el "cerrojazo" impuesto por los Padres de la Iglesia, redujo toda especulación al estudio de los textos canónicos y a la oración, como medios privilegiados para alcanzar la sabiduría humana.
28 de diciembre de 2011 a las 20:40


José Biedma López 
La locura no tiene nada de sabia, aunque es cierto que no hay genialidad sin un grano de locura, cum granum salis. Hay poca compasión en el cinismo antiguo, ningún compromiso con las convenciones de la polis. Siempre me han recordado a los jipis, en realidad eran los jipis de la antigüedad. Has leído a Luciano de Samosata, sus Diálogos de tendencia cínica son una delicia. No hay tanto corte entre el cinismo y el cristianismo primitivo. Ciertos géneros como la sátira o la diatriba saltaron del cinismo al cristianismo, el sermón u homilía puede tener algo de la diatriba cínica...
31 de diciembre de 2011 a las 20:14 


Carolus Brigantinus Barbatus 
Yo hago (o por lo menos lo intento) una lectura actual de los cínicos. Quiero decir que presto atención a lo que ahora nos puede servir, como ideas o actitudes. No pretendo defender la escuela frente a otras; cada cual es hijo de su tiempo, pero siempre se puede aprender de la experiencia ajena. En este caso pienso que un "cínico" actual provocaría escándalo de otra manera, quizá al contrario de sus predecesores. No alabaría las fiestas, sino que las ignoraría por ser una manera de adormecer a la gente. Buscaría el orden, en un mundo desordenado, pero un orden no impuesto sólo por la costumbre o el poder. Seguiría rescatando el poder del individuo, minimizado cada vez más por las grandes corporaciones y los Estados omnipresentes... en fin, escandalizar es bueno cuanto sirve para llamar la atención sobre lo que aparenta ser de piedra, y sólo es de "cartón piedra". Lo que aparenta ser justo y sólo es el hábito cotidiano de la injusticia. Los cínicos antiguos destacaron el valor de la libertad, pero no en abstracto sino burlándose de las costumbres ¿no sería hora de llamar la atención sobre las supuestas virtudes que sirven, en la práctica, para encadenar a los hombres y convertirlos en masa? Yo no respondo a estas preguntas... sólo me las hago, lo cual, pienso, es básicamente la misma actitud de los cínicos; y por lo tanto me parecen interesantes.
1 de enero de 2012 a las 10:40 


José Biedma López 
Desde luego que son interesantes los cínicos antiguos, y haces muy bien en llamar la atención sobre sus ejemplos, Carlos. A fin de cuentas, pesa en nosotros más la naturaleza que la convención y nuestra soberbia tecnológica no es más que vanidad de vanidades... Sus actitudes, como la del niño, señalan la desnudez del emperador, ese mismo que debe dejar todos los días del año -o casi todos- su carroza para sentarse en un trono maloliente...

4 de enero de 2012 a las 21:51 ·